jueves, 14 de febrero de 2019

ENTRENAR TU MENTE ES CLAVE PARA LLEGAR AL ÉXITO

Un gran número de deportistas, de distintas disciplinas, de todo el mundo, aseguran que el 90% de su éxito deportivo, se debe a su capacidad y entrenamiento mental.

Según ellos, en el deporte profesional de alto nivel no hay grandes diferencias entre unos deportistas y otros en cuanto a talento (potencial innato), destreza profesional (aquello que el deportista ha aprendido por medio del entrenamiento) o habilidad física (altura, fuerza, etc.).


La gran diferencia entre estos deportistas, viene dada por su grado de preparación mental y fuerza psicológica.

Por eso, hemos hablado con deportistas, atletas y crossfiters y te presentamos las claves para que tú también puedas alcanzar tu éxito deportivo.


Programa una parte de tu tiempo para tu entrenamiento mental

Hoy en día nadie duda de que las habilidades mentales influyen de forma importante en el rendimiento deportivo.

Pero, ¿cuánto tiempo le dedicamos al entrenamiento de las habilidades psicológicas?

Los deportistas empleamos la mayor parte del tiempo en desarrollar destrezas individuales y en mejorar la forma física. Y en cambio le dedicamos muy poco tiempo (o nada) a desarrollar las destrezas mentales o al coaching deportivo. La falta de conocimiento, malentendidos relacionados con las habilidades psicológicas o la falta de tiempo son algunas de las razones de esta incongruencia.
 
4 factores mentales que influyen en nuestro rendimiento deportivo

Cualquier deportista que quiera mejorar su rendimiento personal debe comenzar reconociendo que hay factores mentales que influyen en su rendimiento, como la motivación, la autoconfianza, el control emocional y la concentración.

Hoy se sabe que los músculos y el cerebro, la mente y el cuerpo, trabajan integradamente.

“Según pensamos y sentimos, rendimos”.

1) Motivación:

La motivación es el deseo o la necesidad que hace que una persona actúe para conseguir unos objetivos. Marcarse buenos objetivos es una de las características de los grandes deportistas. El deseo de cumplir nuestros objetivos nos da “hambre” y mantiene en un nivel adecuado nuestra motivación.

2) Autoconfianza:

Por otro lado la autoconfianza o la fe en nuestras habilidades personales para llevar a cabo una acción o un comportamiento con éxito, es una condición esencial para que alcancemos la victoria.

Porque a veces la competición nos provoca dudas, preocupaciones y altos niveles de ansiedad, y esto puede influir negativamente en la rapidez de reacción y en la ejecución motora.

3) Control emocional:

Sin control emocional no podremos llegar a ser deportistas de alto nivel. Desarrollar ejercicios de entrenamiento mental para deportistas que ayuden a controlar las emociones o las dudas, puede ser la diferencia entre el éxito de un deportista o el fracaso.

4) Concentración:

Por otro lado los deportistas necesitamos una gran capacidad de concentración. Todas la acciones, incluso la más sencilla o la más intuitiva, exigen concentración. Nuestra atención debe estar siempre fijada en las tareas relevantes del momento, en la situación actual, evitando concentrarse en lo que ha pasado o temiendo lo que pueda ocurrir.
 
Todo está relacionado

Estos componentes de la fuerza mental no trabajan por separado. Muy al contrario, son interdependientes entre sí, y cada uno es el resultado de otro, al mismo tiempo que está influenciado por un tercero.

Cuando uno pierde el control de sus emociones, la concentración sufre de inmediato, y cuando no estamos concentrados, perdemos autoconfianza. No hay auto-confianza si no hay concentración o control emocional. Y no hay éxito deportivo sin concentración.

Ser mentalmente fuerte quiere decir saber controlar tu mente y lo que sucede en ella, para así poder mejorar tu habilidad. Los signos más evidentes de fuerza mental son la consistencia y una habilidad estable.

No son mentalmente fuertes aquellos deportistas que tienen un “día de suerte” sino aquellos que dan lo mejor de sí competición tras competición.
 
L
a fuerza mental también se entrena

Desde este punto de vista todo deportista tiene dos metas: hacer gala de sus habilidades de forma consistente y alcanzar el máximo nivel en el desarrollo de sus habilidades. Alcanzar estos dos objetivos no es nada fácil, sin embargo es francamente posible.

La fuerza mental puede aprenderse.

Esta habilidad se puede entrenar y mejorar. Sólo unos pocos nacen mentalmente fuertes, sin embargo todos podemos llegar a ser mucho más fuertes de mente.

Al igual que el entrenamiento físico pretende incidir sobre variables relevantes para el rendimiento como la resistencia, la fuerza, la flexibilidad o la velocidad, el trabajo psicológico que plantea la Psicología del Deporte se centra en los elementos de la fuerza mental que son esenciales para nuestro éxito.

Al igual que es necesario dedicar tiempo de entrenamiento para que los deportistas adquiramos y perfeccionemos habilidades físicas y técnicas, también lo es asignar un tiempo para aprender las habilidades psicológicas que pueden ayudarnos a optimizar nuestras posibilidades de rendimiento.
 
Las habilidades psicológicas no vienen solas

Se está demostrando que el ensayo en establecimiento de objetivos, en la imaginación, la focalización de la atención, la activación psicológica y relajación, control cognitivo…pueden contribuir a mejorar nuestro funcionamiento en el entrenamiento y la competición

Creo que cada vez son menos los que siguen pensando que el proceso de mentalización sobrevendrá sin tener que intervenir, automáticamente, como una consecuencia inevitable del trabajo duro, la madurez deportiva y la habituación a las competiciones.

Creo que cada vez son más lo profesionales del deporte que se muestran interesados en incorporar a su programas de entrenamiento técnicas psicológicas. Cada vez son más los deportistas que creen que el entrenamiento psicológico es fundamental para optimizar el rendimiento deportivo; y el crossfit no es una excepción de ello.

Las necesidades psicológicas de los deportistas, no son una “invención” de los psicólogos, sino una realidad inherente a personas que deben luchar continuamente contra sus propios límites y rendir al máximo de sus posibilidades en el contexto estresante de la competición deportiva. Es hora de pasar a la acción, es hora de comenzar a entrenar habilidades psicológicas para rendir al máximo.


Fuente: es.velitessport.com

PORQUE ES MEJOR EL FÚTBOL 7 EN NIÑOS

Estos son los 24 razonamientos que hablan a favor de la práctica del fútbol 7 para los niños de 10 y 11 años en detrimento del fútbol 11 contra 11.

EN EL FÚTBOL 7:

1.- Los jugadores están más veces en contacto con el balón, realizan más pases, controles, conducciones, regates, remates y rechaces. También el portero interviene más veces. Así el fútbol 7 estimula más el aprendizaje de las situaciones técnico - tácticas básicas que el fútbol 11 contra 11.

2.- La técnica del pase, del tiro, del control, de la conducción, del juego aéreo y de las fintas se ejecuta con más facilidad y precisión debido al peso y la circunferencia menor del balón nº 4.



3.- Los jugadores anotan más goles, lo que favorece el desarrollo de su confianza y les motiva a esforzarse más.

4.- Los jugadores están más veces expuestos a las situaciones básicas del juego de fútbol (1:1,2:1,1:2,2:2,3:2,2:3 y 3:3), lo que facilita su entendimiento y solución posterior con más acierto.

5.- Hay más tiros libres, saques de banda, saques de esquina y penaltis, lo que facilita su aprendizaje.

6.- Cada jugador que no tiene el balón participa mentalmente y más intensamente al juego por tener más posibilidades de jugar el balón que en el juego 11 contra 11. Debido a que hay menos jugadores en el campo, debe procesar menos información antes de poder intervenir en la jugada, lo que facilita su acierto en el juego. También del punto de vista físico participa más frecuentemente e intensamente al juego.

7.- Es más fácil ubicarse en cada momento correctamente en el terreno de juego. Así el niño de 10 y 11 años se integra mejor en un equipo de Fútbol 7 que en un equipo de 11 jugadores.

8.- El juego se desarrolla con más fluidez y más dinámica que el juego reglamentario.

9.- El niño de 10 y 11 años disfruta más debido a las razones aquí enumeradas.

10.- Se evita una prematura especialización en una demarcación determinada. Se presentan más frecuentemente situaciones en las cuales un defensa ataca y un atacante defiende debido a la menor “profundidad” del campo (60m.). Así, el fútbol 7 exige una mayor polivalencia de cada uno de sus jugadores lo que interesa en la formación de los jóvenes futbolistas.

11.- El jugador puede salir y regresar tantas veces como el formador lo desee, con lo cual existe la posibilidad de dar al jugador una necesaria información fuera del campo inmediatamente después de su actuación acertada o una jugada malograda. Así, recibe consejos durante su presencia en el banquillo y no cuando está en el campo y su atención se dirige a la lectura del juego. Aprende mejor.

12.- Hay un ambiente de grupo y mucho menos “discriminación” entre los buenos y menos hábiles porque no existen más titulares o suplentes debido a la posibilidad de cambiar al mismo jugador varias veces. Todos van a jugar.

13.- Los jóvenes practican un juego parecido a aquel de los adultos porque las dimensiones del campo y el menor número de jugadores facilita el juego de conjunto que se basa en el desarrollo de la capacidad de comunicación y cooperación entre los jugadores. En el fútbol 7 no existe el juego al pelotazo.

14.-

 Se enseña mejor que en el juego reglamentario la capacidad de percepción, de orientación y el manejo del espacio que está a su perfecta medida.

15.- El jugador acierta más veces por tener facilidades en la percepción y análisis de la situación, así como en la toma de decisiones. Además, el balón facilita la ejecución de lo que han pensado anteriormente.

16.- El jugador puede auto-corregirse mejor que en el juego reglamentario en el cual las situaciones de juego son mucho más complejas y, por lo tanto, el niño precisa de la ayuda del técnico para conocer las razones de su error.

17.- Favorece la correcta lectura de juego (entendimiento de lo que ocurre en cada momento) por una frecuente reaparición de las mismas situaciones básicas de juego.

18.- Se cumplen los deseos, las expectativas y las necesidades vitales de los niños entre 10 y 11 años. El niño juega si fuera grande porque se adaptó el fútbol a su medida.

19.- Es más fácil detectar talentos. También es más fácil para el formador evaluar el rendimiento de cada uno de sus jugadores y encontrar las deficiencias a corregir en los entrenamientos posteriores.

20.- Los jugadores menos hábiles contribuyen más al juego, lo que favorece su mejora en las distintas capacidades de juego, necesarias para jugar bien al fútbol.

21.- El portero, debido a las dimensiones de la portería (especialmente por su altura de 2m.), acierta más veces, lo que se refleja en su confianza en sí mismo durante el partido. El fútbol 7 favorece su juego de ataque.

22.- El formador que, generalmente, está todavía en el proceso de formarse, tiene menos problemas para dirigir un grupo de un número más reducido de jugadores. Puede dar a cada uno de sus jugadores más atención. El fútbol 7 le da facilidades para analizar o leer el juego de ambos equipos y para evaluar el rendimiento de sus discípulos debido a situaciones de juego menos complejas.



23.- Los jóvenes árbitros de menos de 20 años encuentran en el fútbol 7 una competición más simplificada y a su medida que favorece su formación gradual hasta llegar a arbitrar partidos de once contra once.

24.- Los padres están más contentos ver actuar a su hijo como protagonista en el juego y con posibilidades de marcar más goles que en la competición 11 contra 11.



Fuente: José Carrascosa
(futbolsesion.com)

miércoles, 6 de febrero de 2019

HAZ LA LABOR DE PADRE Y DEJA QUE EL ENTRENADOR HAGA SU TRABAJO

Comienzo este artículo con una pregunta: ¿Somos los padres conscientes de que

nuestros hijos nos ven como una referencia?

Todos nuestros comportamientos, gestos, palabras o acciones tienen repercusión en nuestros hijos. Nos observan y tratan de imitarnos en la medida de lo posible. Un hijo intentará siempre hacer feliz a sus padres, que se sientan orgullosos de él. Así que nuestra responsabilidad es inmensa. Somos observados a diario, por tanto, nuestra labor educativa no cesa nunca. Cualquier momento o situación es un excepcional escenario formativo.

En los años que llevo en el fútbol base, concretamente en Fútbol 7, he podido observar que existen diferentes tipos de padres. Me he permitido clasificarlos en base al comportamiento que tienen dentro de un campo de fútbol.

PADRES – ENTRENADORES: sin duda, ocupan el primer lugar en mi clasificación.

Los campos de fútbol están llenos de esta “especie”. Son padres que asisten a los entrenamientos, no faltan a ningún partido (también son conocidos como entrenadores frustrados). Le dicen al entrenador dónde tiene que jugar su hijo, cómo tiene que jugar el equipo y se atreven a dar instrucciones a su hijo o al equipo. Están convencidos de que su hijo es el mejor y ven al niño jugando, en un futuro, en un equipo de primera división. Para ellos, no existe nada más que su hijo. El equipo existe porque está su hijo dentro de él. En 
los partidos “montan” el espectáculo. Antes de comenzar ya ejercen de entrenador: “vamos a ganar” “tú, no chupes tanto” “tenéis que echarle h..”. Durante el partido, no paran de gritar, corregir, situar a los jugadores, increpar a todos (jugadores, rivales y, por supuesto, árbitro), insultar, desafiar, muestran agresividad. A veces, están tan metidos en el partido, que corren la banda. Es frecuente verlos con una cerveza en la mano y su hábitat natural está en la grada, pero pegado al terreno de juego donde se le identifica fácilmente.

Si el equipo pierde es porque el entrenador no tiene ni idea y los jugadores no tienen el nivel de su hijo. Si se gana el partido se muestra muy satisfecho porque su hijo ha sido pieza esencial y él ha influido, con su dirección del juego a base de gritos, en el resultado. Se marchan convencidos de que su hijo es el mejor. El problema surge cuando en un equipo hay dos o más jugadores que son los mejores (en relación de los padres entrenadores que existen en el equipo: x padres entrenadores = x futuros Messi en el equipo). Si esto ocurre, la guerra está montada. Hace seis años entrenaba a un equipo prebenjamín (6 y 7 años) con el que quedamos campeones de liga. El día de la fiesta por la consecución del título, dos padres entrenadores se pelearon a puñetazos. Los niños no sabían por qué se peleaban, yo tampoco (sigo sin saberlo).


Pero es que ellos tampoco sabían por qué se estaban pegando. El daño que estos padres les hacen a sus hijos es inmenso. Lo peor es que ellos no son conscientes y van a más en su actitud negativa.

Estos padres, a veces, se les ven acompañados de otro “ejemplar” que he denominado:
PADRES – SEGUNDOS ENTRENADORES: tienen la misma misión que el anterior pero en un segundo plano. Sólo se acerca al primero para hacer comentarios puntuales.

También increpa e insulta, pero desde la barra del bar. Tanto al primero como al segundo, les importa muy poco la formación de sus hijos. Lo único que les interesa esque su “diamante en bruto” esté rodeado de los mejores, en un equipo ganador.

PADRES GRATIFICADORES: así denomino a los que gratifican, económicamente, a sus hijos por cada gol marcado (lo siento por los defensas y por los porteros). Dan dinero por goles marcados. He visto dar 10 euros por cada gol marcado y estamos hablando de partidos de fútbol 7 en los que un mismo jugador puede marcar un gran número de goles. Los niños, evidentemente, se vuelven egoístas dentro del terreno de juego, increpan al compañero si no le pasan el balón, no tienen concepto de equipo y no se integran en un grupo.

PADRES REPRESENTANTES: esta “especie” está en auge. A estos padres les da igual que sus hijos jueguen en el equipo del barrio, o no. Buscan el mejor equipo, aunque tengan que desplazarse varios kilómetros. Su hijo tiene que estar con los mejores. Si no es así, ya se encargará él de traer jugadores para que su hijo esté en un equipo ganador.

Si su hijo queda desplazado porque hay jugadores mejores, busca un equipo donde pueda tener protagonismo. Hace lo posible para que su hijo sea conocido, incluso envía videos a los medios de comunicación locales.

PADRES DESFASADOS: son los desfasados, los que recuerdan su infancia y creen que el mundo no evoluciona. Se les reconoce por frases como: “En mis tiempos…”, “Cuando yo jugaba…”. Les da igual que su hijo, en un entrenamiento, esté 45 minutos haciendo carrera 
continua porque él entrenaba así. Son partidarios de gritar a los niños de forma desmesurada porque así lo entrenaban a él. No valoran las condiciones tan favorables en las que entrenan sus hijos, se limitan a decir “lo nuestro tenía más mérito”. Son padres que se han quedado atrás en la evolución del fútbol.

PADRES PASOTAS: no se interesan por el niño. Les da igual la formación del niño, el entrenador, el club en el que están. No preguntan si han ganado o perdido. Se limitan a llevar al niño al entrenamiento y recogerlo cuando termina. Rara vez, se les ve presenciando un partido. Para ellos, es una obligación que su hijo entrene en un equipo.

MADRES: en todos los sectores de la sociedad se ha producido, afortunadamente, la incorporación de la mujer. El fútbol base no podía quedarse atrás en este avance social.

Así, cada vez más madres acuden a entrenamientos y partidos de sus hijos. Sin ánimo de generalizar, su comportamiento es parecido al padre entrenador, pero sin saber qué es un fuera de juego, un libre indirecto o un interior derecho.

VERDADEROS PADRES – VERDADERAS MADRES: se interesan, a principio de temporada, por la formación que va a tener su hijo. Tratan de conocer al entrenador, la formación que tiene y el trato que le da al niño. Nunca interfiere en las decisiones, planteamientos, entrenamientos, ni partidos. Siempre mantienen una actitud discreta de apoyo, animan a su hijo y al grupo de forma elegante y digna de elogio, no crean presión innecesaria, dan motivación y seguridad. Animan y apoyan al equipo sin protestas, insultos o desaprobaciones a los integrantes del equipo, del rival o al colegiado. Siempre ofrecen su vehículo para el desplazamiento. Felicita a todos los jugadores del equipo y los anima si salen tristes porque han perdido. En definitiva, disfrutan del deporte a través de sus hijos.

Para finalizar, quiero transmitir un mensaje: “Con esta carta quiero recordaros lo difícil que es dirigir y enseñar a un grupo de niños/as, a practicar el deporte que les gusta, como para que se produzcan situaciones difíciles o comprometidas, por parte externa a la composición del equipo o club, el niño/a a estas edades tiene que aprender a ganar y a perder por ellos mismos fomentando unos valores como complemento a la educación, por lo tanto, dejemos que disfruten, y nos dediquemos a animarlos cuando pierdan y felicitarles cuando ganen. Tampoco debemos de olvidarnos de una cosa que es muy importante, facilitar la labor del entrenador sin meternos en sus decisiones técnicas o tácticas, ya que lo más ingrato de todo esto, son los “entrenadores frustrados”, que, aunque “su idea” es de colaborar con el equipo, hacen todo lo contrario…”.


Fuente: Juan Díaz
Fiebrefutbol.es

NUNCA LE CIERRE LA PUERTA A UN NIÑO, HAY QUE DARLE LA POSIBILIDAD EN DIFERENTES POSICIONES

No hace falta frecuentar mucho los campos donde se han disputado partidos de fútbol 7 para oír como algún familiar o acompañante del jugador comenta frases del tipo: “Tranquilo, que cuando el entrenador os ponga en la posición donde debe jugar cada uno la cosa ya irá bien”.

Retengamos el mensaje y evaluemos qué posibles efectos puede tener sobre los 
receptores. Uno de ellos sería la posibilidad de anular el crecimiento necesario del sentido de la responsabilidad (y digo responsabilidad en su sentido de crítica positiva, no de culpa) que deben experimentar los niños en todos los campos de la vida. Sin tener consciencia de los aspectos en los que le falta mejorar (partimos de la base de que se han atribuido sus posibles carencias a una mala decisión del técnico), se dificulta la posibilidad de progreso.

Por lo tanto, estamos inhibiendo un aspecto clave para su formación. También puede generar una falta de confianza hacia el técnico, que en estas edades (hasta los doce años) busca que los jóvenes jugadores conozcan, como mínimo, tres demarcaciones, porque es importante para lograr un conocimiento y una interpretación tan integral como sea posible del juego.Una falta de confianza que acaba minando la credibilidad de la persona que debe ejercer el liderazgo del grupo, pone palos en las ruedas y provoca que al final de la temporada, más allá de los resultados, los jugadores no hayan estado predispuestos a asimilar los conceptos que necesitan para sentirse más seguros y con más recursos dentro del terreno de juego.

Finalmente, si los entrenadores hacen caso de la afirmación que suscita el artículo, nos encontraríamos con futbolistas que, desde los seis años, han pasado seis temporadas jugando, por ejemplo, de lateral sin probar ninguna demarcación más, viviendo en una engañosa zona de confort sin la posibilidad de desarrollar talentos que pueden estar ocultos, pero latentes. Jugadores a los que, en muchos casos, les costará valorar con exactitud la dificultad del trabajo que llevan a cabo sus compañeros, porque no lo han tenido que hacer nunca. Jugadores que, cuando el club fiche un lateral mejor que ellos, no tendrán otra salida (bueno, sí, lamentablemente lo más seguro es que sea el banquillo) sencillamente porque nadie les ha activado los mecanismos para jugar en otra posición. Y si formamos a este tipo de jugadores, nos resultará muy difícil tejer una empatía futbolística entre ellos para forjar un verdadero espíritu de equipo.


Ya lo dijo Simeone: “Cada día cuesta más en el fútbol encontrar jugadores que jueguen en equipo. Nosotros lo estamos haciendo”. Porque, no nos engañemos, de la actitud que se tome desde la base de la pirámide dependerá que se genere un perfil concreto de jugador y se inculque una visión determinada del juego. Si se busca sólo ganar, que todos los jugadores estén tranquilos en su zona de confort y tener contento a todo el entorno, el entrenador vivirá tranquilo, pero estará cerrando muchas puertas para el futuro a sus jóvenes jugadores.


Fuente: www.martiperarnau.com

lunes, 4 de febrero de 2019

CULTURA DEL FÚTBOL BASE


En fechas recientes hablé sobre el morfo ciclo semanal de mi equipo en el último partido de Liga. Todo surgió tras unos comentarios en Twitter que hice sobre el encuentro, en caliente, feliz porque habíamos conseguido una victoria contra el segundo del campeonato que, hasta ese momento, tenía los mismos puntos que nosotros. También era una especie de reivindicación por el trabajo que mi cuerpo técnico está haciendo esta temporada, a pesar del poco reconocimiento obtenido desde dentro y en un entorno cada vez más hostil.

No hablo de mi club particularmente (que cae en los mismos errores de enfoque que los demás). Pero el fútbol base en España me preocupa por la errónea visión que directivos y entrenadores tienen y porque la crisis está limitando el fútbol de la calle. Los clubes imponen cuotas a sus jugadores y trabajo extradeportivo al entrenador, se castiga a quien no paga religiosamente, no se deja jugar a quienes no tienen posibilidades económicas y el trato humano cada vez es peor. La crisis también está afectando a la esencia y esto sí que no tiene coartada; los directivos están más encima exigiendo resultados para poder presumir de ellos y atraer, bien a nuevos jugadores o sencillamente a padres y patrocinadores dispuestos a aportar dinero al club. Jugadores de entre 10 y 16 años utilizados o exigidos para que su club se beneficie económicamente.

Tampoco dejo de lado la labor de los entrenadores. Muchas veces nosotros, sin presión de la junta directiva, sino por cuestiones relacionadas con el ego, el sentimiento de superioridad o la ambición personal, anteponemos nuestro beneficio personal a la formación del jugador. Discursos en los que se sobre presiona al jugador, broncas en caliente por errores técnicos (y no en la toma de decisión o por falta de actitud), jugadores que se quedan sin jugar… La figura del entrenador ha crecido en los últimos tiempos en España y ya era hora. Sin embargo, el éxito de algunos técnicos y el ansia de parecerse a ellos ha hecho que muchos confundan los objetivos y comportamientos.

QUERER GANARaa


Es muy fácil hablar de esto desde fuera y dar lecciones morales o vitales a los entrenadores que trabajan día a día. Querer ganar y destacar forma parte de la naturaleza humana y cuando eres entrenador no debes dejar de lado nunca la posibilidad de victoria. Opinar desde fuera y decir que lo importante no son los resultados, sino que los chicos disfruten, que tienen que jugar todos… es bla, bla, bla. Si fuera tan fácil, todos podrían ser entrenador. Eso sí, independientemente del estilo de cada técnico hay cosas que me parecen imprescindibles y que habría que exigir desde los clubes a los entrenadores en edades de formación que tienen que ver con el respeto a los jugadores, al fallo, al error humano o al aprendizaje.

Como entrenador en edades de formación creo que no es incompatible que los jugadores disfruten y el equipo obtenga rendimiento a corto plazo. Y, además, es verdad que formamos jugadores que son jóvenes, pero hemos visto llegar a la élite del fútbol a chicos sin ninguna capacidad técnica y también cómo se quedaron en el camino futbolistas con una calidad fantástica. Y no siempre es casualidad y no siempre es culpa de factores externos. También hay que enseñar a competir, a manejar resultados, a cerrar partidos, a ser pícaros (sin ser irrespetuoso o atentar contra el fair play) o a responder ante la adversidad. Eso son cosas lógicas que algunos ‘filósofos’ critican.

SIN MIEDO AL ERROR

Yo entreno a mis equipos con el objetivo de que entiendan el juego, que aprendan el sentido colectivo, el espacio y el tiempo, que tengan libertad para tomar decisiones en los entrenamientos y partidos y que no tengan miedo al error. ¡Sobre todo al error técnico! Pero también les enseño a que esas decisiones se tomen en un contexto adecuado, que trabajen y que se impongan dentro de un modelo de juego determinado. También eso es pensar a largo plazo, porque hay que acercarlos al fútbol real en todos los sentidos. Durante ese proceso, cumplido con seriedad, interés, intensidad y preparación, la consecuencia suele ser que los equipos rinden al máximo de sus posibilidades y, por tanto, ganan muchos partidos. Y se les debe intentar exigir (en un marco respetable y procedente) ganar esos partidos. Personalmente, tengo la sensación de que mis jugadores son mejores jugadores después de haber estado conmigo y es gratificante que algunos de ellos te pregunten por tu futuro cuando reciben ofertas para tomar la decisión de irse a un equipo mejor o quedarse en tu equipo.

Lo que no se puede hacer es, como hemos dicho antes, anteponer tus ambiciones a las del equipo y no respetar los procesos de formación. No hablo sobre llegar a la victoria de cualquier camino (lo cual es más respetable que muchas de las cosas que veo en el fútbol base). En este sentido, nunca viene mal recordar que sigue siendo lamentable ver a chicos de 9 o 10 años dando vueltas al campo sin balón durante diez minutos para luego hacer un circuito físico. Y lo sigo viendo en grandes clubes. Un ejemplo imperdonable en un entrenador: aumentar la carga física por una derrota (que muchas veces es fruto del azar).

LAS NOTAS Y LA CONCENTRACIÓN

Debemos entender que tratamos con chicos en formación, gente que tiene que hacerse, antes que como deportista, como persona. Que nosotros tenemos que formarnos lo máximo posible para poder aportarle al chico cosas que otros no podrían. Hace poco hablamos sobre las notas en el colegio. No suelo ser muy exigente con esto y no me interesa demasiado ni juzgo a nadie por lo que hacen fuera del club, pero lo hice porque veía que algunos jugadores, durante los entrenamientos, tenían dificultades para mantener la concentración. Cuando estudié las notas de los chicos les dije:

“Yo no voy a sentar a nadie en el banquillo porque haya sacado malas notas. Ni voy a echarle la bronca a nadie. Solo quiero aconsejaros, desde mi posición, que por lo menos os sentéis y os concentréis fuera de los entrenamientos. No hay sorpresas para mí en las notas. Se ve en los entrenamientos. Los que peores notas habéis sacado sois los que más dificultades tenéis para seguir, comprender y mantener la concentración en entrenamientos. La mente también se entrena. Y no hay nada más importante en el fútbol que la mente. Pensar cansa. Es más difícil estudiar un día durante tres horas si nunca has estudiado ni diez minutos, que si cada día estudias una hora. Y también es más difícil tomar decisiones correctamente durante 90 minutos si no estáis acostumbrados a mantener la concentración”.

En realidad este artículo sólo es para explicar que, aunque la victoria gratifica en cualquier categoría o equipo, lo bonito es que fue consecuencia de un trabajo previo entre jugadores y c
uerpo técnico. Que la táctica concreta del partido solo pudo tener los resultados esperados por el trabajo que cada semana hacen los jugadores. Jugadores que, también gracias a la exigencia del cuerpo técnico y los entrenamientos, disfrutan y valoran más las victorias y tienen mayor capacidad de trabajo que cuando empezamos.


EMPATÍA Y EDUCACIÓN

Sí, hay que trabajar para ganar. Sí, hay que ser resultadista. Esa es mi opinión. No hay nada más difícil que ganar en el fútbol, ¡como para encima no buscar la victoria! Pero tan difícil es ganar como que la forma de intentarlo es con trabajo de calidad y mucha empatía. La presión a la que muchas veces se somete a los jugadores produce el efecto contrario. Es contraproducente porque un jugador de 15 años no está preparado para llegar a un nivel de activación concreta como un jugador hecho y maduro que juega en el Real Madrid.

Empatía y educación son términos claves para la formación de los jugadores. Y con esto acabo. Empatía para entender que no toda victoria está en el resultado y que, a según que edades, no hay mayor victoria que un equipo que aprende y que además es feliz y que salvo en casos especiales no puedes dejar sin jugar a alguien que merece hacerlo porque no tenga tanto nivel como un compañero. Empatía para entender que los jugadores necesitan estímulos y disfrutar y que, aunque a veces pueda condicionar un resultado (si entrenas bien, jugando once contra once, no debería) no es lo mismo jugar diez minutos que no jugar. Que es bueno que chicos de menor edad entrenen con equipos de categorías superiores y que si van convocados, que jueguen, aunque sea unos minutos. Pero que sea porque cumplen…

Porque una de las cosas que nadie comenta pero que más retrata a entrenadores cuyo objetivo no es formar jugadores, son aquellos que hacen titulares a jugadores que no se lo ganan entrenando, por mucha calidad que tengan. Conseguir ser profesional es muy difícil y se necesita un esfuerzo y una dedicación fuera de lo común. Mal acostumbrar a un jugador para que te gane un partido hoy, hará que mañana no esté. Los jugadores, en fútbol base, deben entender que la seriedad, la profesionalidad y el esfuerzo son requisitos indispensables e innegociables para obtener la titularidad. Aclaro, que el término “esfuerzo” no tiene que ver (o no únicamente) con cuestiones físicas, sino motivacionales, tácticas, emocionales. Un esfuerzo que engloba compromiso y respeto y que cualquier jugador, como cualquier persona, debe aprender y poner en práctica a diario.


Fuente: Francisco Ruiz Beltrán
(martinperarnau.com)

8 MANERAS DE INCREMENTAR LA ILUSIÓN EN LOS JOVENES DEPORTISTAS

La ilusión es una de las emociones positivas que más motivan a los jóvenes deportistas, y resulta muy necesaria para que disfruten de su deporte.

En la ilusión se combinan el deseo por conseguir participar con tu equipo o en una competición lo mejor posible y la confianza de que dicho objetivo puede llegar a conseguirse. Por ello empuja y dirige los comportamientos del niño hacia lo que quiere, disfrutar jugando en equipo. Dicha emoción está condicionada por lo que espera y lo que considera que es lo que le hace disfrutar.
 

La ilusión depende de la motivación del propio niño y de la confianza que como padres o entrenadores proyectamos hacia los jóvenes futbolistas. El fomento de la ilusión en los niños hace que incremente la motivación que a su vez hará más probable que aumente el afán de superación que será una de las cualidad más beneficiosa para su vida adulta.

El ser humano es fundamentalmente social, y desde la ciencia está demostrado que todo lo que nos acerca a los demás nos hace mejores. Por todo ello la ilusión compartida con el equipo es un potente motivador de los niños. En muchas ocasiones lo importante no es ganar o perder si no jugar lo mejor posible en equipo, y respetar al contrario.
 
Imaginemos el siguiente ejemplo: un niño que practica futbol, después de haber perdido un partido, o no haber jugado bien, ¿De qué dependerá que tenga ilusión por jugar el próximo día o, por el contrario, tire la toalla? La respuesta está en la atribución que da a ese partido perdido o mal jugado y a las expectativas que le genera dicha atribución. Así por ejemplo, si el joven futbolista hace atribuciones por ejemplo de: “da igual como juguemos, siempre perdemos, y será así en el resto de los partidos “, o “los otros equipos son mejores y siempre nos ganarán”, lo más probable es que perderá la ilusión de volver a jugar. Por el contrario, si el niño hace atribuciones como: “esto ha ocurrido en este partido y no tiene por qué ocurrir en el siguiente”, “además no nos ha ocurrido en todos los partidos” y “vamos a jugar mejor el próximo partido, vamos a superarnos”, tendrá ilusión por jugar el siguiente partido.
 
La motivación aumenta la intensidad de la ilusión; bien porque sea el propio niño quien desea sin más mejorar y disfrutar del juego (motivación intrínseca): por ejemplo, quiero ser un mejor regateador para así ser más eficaz para el equipo; o porque obtenga recompensas externas por haber conseguido lo que quiere (motivación extrínseca): por ejemplo, quiero ser un buen regateador porque de esta manera el equipo mejorará en conjunto y los compañeros lo valorarán. La motivación intrínseca es la más potente a la hora de aumentar el nivel de ilusión del menor, pero en muchas ocasiones la falta de la misma puede suplirse con la valoración que se obtenga de fuera (compañeros, entrenador, familia, etc).
 
El ser positivo y optimista como padres, y entrenadores genera el aumento del nivel de ilusión de los niños, teniendo en cuenta que trasmitimos más con lo que hacemos que con lo que decimos. Los adultos al ser modelos de comportamiento tenemos que procurar trasmitir la ilusión para que está se contagie a nuestros menores.

8 consejos para fomentar la ilusión de nuestros pequeños futbolistas:

  1. Fomentar e instigar que lo que hagan en los entrenamientos y partidos les guste, que el objetivo no sea ganar, sea disfrutar. Si son capaces de disfrutar rendirán mucho mejor y habrá más probabilidades de ganar.
     
  2. Que las personas que rodean al menor valoren al máximo sus esfuerzos. Esto ayudará a que el joven pueda valorarse más así mismo. Así por ejemplo, como padre o entrenador hazle saber que se ha esforzado y que así hay muchas más probabilidades de conseguir jugar mejor.
     
  3. Plantear unas metas con expectativas realistas en cuanto a consecución de logros deportivos. El objetivo principal debe ser la mejora con respecto a uno mismo y el equipo.
     
  4. Establecer los pasos antes de llegar a la meta, y señalar y felicitar cada vez que tanto el jugador como el equipo consiga uno de ellos.
     
  5. Hay que trasmitir a los menores los fracasos con el mayor sentido del humor posible. Hacerles que piensen tanto individualmente como en equipo que el 
    fracaso es temporal, específico y controlable por ellos.
  6. Potenciar la autoestima ya que ésta hace que los niños se sientan capaces de conseguir mejorar en su juego individual y en equipo.
     
  7. En el entrenamiento: Cambiar las rutinas, practicar nuevos ejercicios, realizar entrenamientos diferentes con actividades que nunca hayan hecho antes, pero que les ayudarán para evitar la rutina y el estancamiento que conduce a desilusión y abandonar los entrenamientos.
     
  8. En el juego: que tengan claro en qué le gustaría progresar, cómo se harían más amenas sus funciones en el equipo, adecuar el puesto en el campo de forma que se encuentre más cómodo, y mejorar las relaciones entre los compañeros del equipo.
     

Fuente: rizaldos.com

viernes, 1 de febrero de 2019

El entrenamiento en fútbol. Estructura y partes de la sesión de entrenamiento

Hoy vamos a hablar sobre las partes que componen un entrenamiento de fútbol. La sesión de entrenamiento no debe ser un compendio de ejercicios o tareas distintas, sin ningún orden y ninguna relación entre ellas. Tiene que tener un objetivo general al que se orienten todos los ejercicios ya sea en el calentamiento, parte principal o vuelta a la calma.

El entrenamiento se suele dividir en tres partes: calentamiento, parte principal y vuelta a la calma o enfriamiento.

A continuación, pasamos a explicar en qué consiste cada una de estas partes, así como los objetivos y las relaciones que se establecen entre ellas:

1) Información de la sesión. Se realiza antes de comenzar el entrenamiento. En ella se explica a los jugadores lo que se va a hacer en la sesión.

Ayuda al jugador a estar centrado en el entrenamiento antes incluso de haber comenzado, saber lo que se va a querer de él y que aspectos del juego se van a intentar mejorar. No hace falta invertir mucho tiempo en ella, en 1 o 2 minutos los jugadores ya tienen toda la información necesaria para comenzar el entrenamiento.

Como hemos comentado en otro artículo, si se trata del primer entrenamiento de la semana, se puede llevar a cabo la charla postpartido previamente y a continuación informar a los jugadores de lo que van a realizar en la sesión.


2) Calentamiento. Es importante entender el calentamiento como una parte más del entrenamiento que prepara tanto física como mentalmente, y no centrarla únicamente en “correr alrededor del campo 5 minutos y estirar otros 5 minutos”.

Un buen calentamiento debería durar entre 15 y 30 minutos por lo que, además de preparar al futbolista físicamente para el entrenamiento posterior, estaría bien comenzar a introducir al futbolista en el objetivo principal de la sesión y que llevará a cabo de manera más específica en la parte principal de la misma. De esta forma, se evita que esos 15 – 30 minutos de entrenamiento “se pierdan” en un objetivo puramente físico.

 Se puede dividir en tres partes: calentamiento general, calentamiento específico y estiramientos.

– El calentamiento general se centra en ejercicios que buscan activar el organismo y la musculatura (movilidad articular, carreras, juegos…). Dependiendo de la categoría en la que se esté entrenando, la climatología y otros factores, esta parte podría durar entre 5 y 8 minutos.

– En la parte específica del calentamiento, se puede ya orientar el trabajo del jugador hacia el objetivo a conseguir en la sesión de entrenamiento. Es decir, si el objetivo de la sesión es “mejorar el golpeo de cabeza”, en esta parte del calentamiento se han de introducir ejercicios o juegos orientados al golpeo de cabeza, de manera que cuando se llegue a la parte principal del entrenamiento, el jugador ya esté encaminado hacia ese trabajo. Esta parte del calentamiento puede estar formada por 1 o 2 ejercicios y con una duración de 10 – 15 minutos.

– Por último y antes de comenzar con la parte principal del entrenamiento, los jugadores deberán llevar a cabo unos estiramientos, cortos y con una intensidad leve, sin llegar nunca al dolor muscular. Una buena sesión de estiramientos dentro del calentamiento, se puede realizar en 2 – 3 minutos.

3) Parte principal. Engloba todos aquellos ejercicios o tareas orientados a conseguir el objetivo principal de la sesión ya sea coordinativo, técnico y/o táctico. Debe de haber una progresión en los ejercicios de forma que se vaya de lo más inespecífico a lo específico dentro del fútbol. Siguiendo con el ejemplo anterior, si el objetivo es mejorar el golpeo de cabeza, se puede empezar con un ejercicio más técnico para posteriormente aumentar la complejidad en las tareas con normas y reglas del juego propias del fútbol. Se puede comenzar con un trabajo por grupos de jugadores para finalmente realizar un trabajo global, con todos los jugadores y basado en situaciones de juego que se pueden dar en un partido de fútbol en relación al objetivo específico de mejora del golpeo de cabeza.

Esta parte del entrenamiento debe ser la que más tiempo ocupe y dependiendo del tiempo del que dispongamos para entrenar, podría tener una duración de entre 30 y 45 minutos.


4)Vuelta a la calma o enfriamiento. El objetivo principal de esta parte del entrenamiento es que los jugadores vuelvan al estado de reposo inicial que tenían antes de comenzar el propio entrenamiento. Esto se puede llevar a cabo a través de un ejercicio con una intensidad leve o moderada (cuidado con introducir juegos en la vuelta a la calma) y  estiramientos de mayor duración que en el calentamiento, buscando la relajación muscular. Está parte de la sesión y dependiendo de los ejercicios que se realicen en ella, puede durar entre 5 y 10 minutos.

Independientemente de la categoría de fútbol en la que se entrene, desde minis a juveniles o un equipo sénior, se ha de respetar la estructura del entrenamiento marcando objetivos a trabajar que sean alcanzables por el equipo y que les hagan mejorar día a día. Si bien es cierto que con niños y debido a sus condiciones, se puede obviar tanto la parte del calentamiento como la de los estiramientos. Es bueno que conozcan tanto ejercicios para calentar como sobre todo ejercicios de estiramientos para su formación y su práctica deportiva futura.


Fuente: YoungCracks.com